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Andrea, Matias y Yo |
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Hola
soy Pino, vivo en Buenos Aires y debo decirles que soy bisexual. Me
gusta tanto metersela a una mujer como a un hombre o que un hombre me la
meta. Me fascina masturbarme. Me gusta mirar a otros teniendo sexo.
Lamento no tener vagina porque en ese caso también sería lesbiana. En
fin creo que, orgullosamente, puedo llamarme un vicioso del sexo. La
historia que voy a contar es cierta y quienes me conocen podrán
reconocerme cuando la lean. Son
las 9 de la noche de un dia viernes de primavera con un clima más que
agradable. Estoy solo sentado en las mesitas de la Plaza Dorrego en San
Telmo. Mientras disfruto de una soberbia botella de Chardonay bien
enfriada miro a la gente que está sentada en otras mesas, miro la gente
pasar, en resumen sin nada mejor en que ocuparme miro todo lo que hay a
mi alrededor. Cuando de repente descubro en una mesa no muy lejos de la
mía a un muchacho joven, yo diría de unos 19 años, rubiecito, de
estatura media, delgado y bien parecido. Lo que me llamó la atención
en él fue la forma insistente en que me miraba siendo que él no estaba
solo en esa mesa, sino que lo acompañaba una mujer muy bonita con una
edad un tanto indefinida, esas edades en la mujer en que son como frutas
maduras, perfectas, en el punto justo. Ella le hablaba y él me miraba.
En un momento ella, giró la cabeza hacia donde estaba yo y tambien me
miró con insistencia. Lejos de amedrentarme, sostuve las miradas de
ambos y con una sonrisa levanté mi copa de vino blanco en un gesto de
brindis e invitación. Ambos sonrieron y se miraron entre sí y
volvieron a mirarme. El joven se acercó a mi mesa con una sonrisa y me
dijo : - Hola, encantado, soy Matías. Mi madre y yo nos preguntamos si
no le gustaría sentarse a la mesa con nosotros ? |