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El Marido de mi hermana |
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Fué
ella misma la que despertó en mi este misterioso interés por su
marido. Carmen es alta y delgadita como yo, pero con más suerte para
conquistar hombres. Fernando, su marido de turno, es un hombre maduro,
pero no viejo. Alto, jobial y con un cuerpazo bien proporcionado y
una mirada profunda y penetrante. La vez que lo conocí, sentí en mi
mano una calidez agradable y un apretoncito que me hizo vibrar levemente
fibras muy profundos de mi ser, lo cual atribuí al nerviosismo propio
de mi demasiada juventud. Apenas tenía 16 años. Cierto día mi hermana
dejó el teléfono celular en mi habitación, mientras andaba por el
jardín. Me tocó atender aquella llamada. "Hola mi amorcito, soy
Fernando" dijo el hombre. Yo iba a aclararle que no era su mujer,
pero él siguió hablando rápido, confiando en que era ella. Picada por
la curiosidad, lo dejé seguir. La voz era suave y acariciante.
Inmediatamente sentí que mi piel explotaba a través de los poros y una
extraña sensación voluptuosa recorrió todo mi cuerpo de gallina
asustada. Me dijo que la llamaba porque estaba sintiendo un gran deseo
de volver a poseerla."Estoy loco por volver a penetrarte como la última
vez. Casi se me sale la leche pensando en tus gemidos y en esos labios
apasionados y fogosos ¿ porque no me has llamado? o es que a ti no te
gustó... después un silencio...Y mis palabras que le dicen "
disculpa, pero no soy Carmen, sino su hermana...Ya te la llamo,
querido. Casi tartamudeando me dijo que lo perdonara. Y añadió que
prefería volver a llamar luego. Estaba tan apenado como yo. Así que le
dije que estaba bien, pero que olvidara el incidente. Nadie más lo iba
a saber. Sería un secreto entre los dos. Eso lo reanimó, ocasión que
aproveché para seguir la conversación con él, pués me sentía
encantada y llena de erotismo. Fué cuando me propuso un encuentro. Lo
acepté y no le dije nada de la llamada a mi hermana. Salí como
himnotizada a reunirme con Fernando. Estaba en su habitación de soltero
y me recibió con mucho afecto. Clavó en mi su mirada penetrante,
extendió sus brazos y yo me dejé tomar por la cintura y con mis manos
le aprisioné la cara y le ofrecí mis labios húmedos y ansiosos. No sé
cuánto duró aquel beso, ni como estaba ahora desnuda sobre aquella
cama. Sin mediar palabras recorría todo mi cuerpo con su lengua hasta
posarla en mi juvenil clítoris, provocándome una cadena de orgasmos y
un deseo de sentir dentro de mi aquel falo que ya empezaba a desbordarse
de líquidos lubicantes, previos a la eyaculación. Colocó mis dos
piernas sobre sus hombres anchos y robustos, dejando el coño a la
altura de su abdomen y utilizando una mano colocó su enardecido pene
entre aquellos labios ansiosos bordeados de una vellosidad enchumbados
de líquidos vaginales. La penetración fué suave y hasta el fondo. Se
afincó en mis hombros y en sucesivas penetraciones, esta vez con gran
fuerza,me poseyó en forma divinamente salvaje, mientras muy cerca de
los oidos prounciaba soeces palabrotas, llamándome puta y otras
lindezas. Aquel divino castigo se prolongó por casi una hora, hasta que
tuvimos simultáneamente un sonoro orgasmo y nos quedamos en un profundo
sueño.Espero que cuando llame a mi hermana, no la confunda conmigo y le
cuente a ella el episodio. |