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India Venezolana |
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Siempre
la veía cuando iba a esperar a su hermana a orillas del gran río. Era
alta, morena y flaca, con unos ojos grandes y excitantes. Sus labios
regorditos y bordeados de un rosado que contrastaba con su piel morena.
Desde muy jóven yo soñana con tener una amiga indígena, esa raza
pura, inocente y encantadora. Yo soy una mujer blanca y tremendamente
caliente. Aunque me gustan los hombres, siempre quise tener las
experiencias lésbicas y darle rienda suelta a mis fantasías sexuales,
tal como lo había leído en publicaciones pornos. Cada vez que Nohemí
iba hacia el río yo la contemplaba con ardiente deseo, pero por temor a
ser rechazada, evadía el encuentro con ella. Una tarde decidí
abordarla. Me acerqué a preguntarle cosas tontas sobre la vida sencilla
de aquella aldea de pescadores donde ambas vivíamos. Cuando le rocé
levemente las manos sentí que temblaba. Me miró profundo con los
labios entreabiertos. Un deseo inmenso de besarla me invadió y
enseguida lo hice. Ella respondió a aquella caricia. Su boca y su
lengua se unieron a la mía en una locura indescriptible. "Sabía
que esto iba a ocurrir algún día y lo deseaba intensamente" me
dijo la encantadora muchachita. Esa noche la pasamos juntas en la playa,
sucias de besos y arena, unimos nuestros senos y nuestros coños en un
frenesí de sexo salvaje. Desde entonces somos matido y mujer.Solo el río
Orinoco lo sabe. |