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Mi
nombre es Juan, tengo 25 años y mido 181 cm. Soy un estudiante de
medicina y me encantan los masajes: dar y recibir. Luego de haber leído
muchísimos libros al respecto puedo decir realmente que soy muy bueno
dando masajes, por lo que es normal que amigas mías me soliciten alguna
sesión.
Estaba yo en mi casa, debo decirles que vivo sólo, acomodando la
camilla que suelo utilizar para mis sesiones (tengo un mini consultorio
para dar masajes allí, con camillas especiales, etc.) cuando sonó mi
teléfono. Era Sole, una vieja amiga que se había peleado con el novio
y quería hablar conmigo para contarme sus problemas. Le dije que
viniera a casa, que dialogaríamos todo lo necesario. Tambien le dije
que trajera su traje de baño para sumergirnos en la piscina de casa.
Ella aceptó. Yo me dispuse a terminar de acomodar todo y a darme un baño.
Me puse un pantalón corto y una remera azul. Luego, intuyendo que podía
aceptar un masaje mío, acomodé la camilla con toallas limpias, aceite
para masajes, música suave, sahumerios, etc.
Sole es una rubia de 23 años, con unas tetas espectaculares, redondas,
bien levantadas. Tiene caderas bastante anchas y un culo gordo pero
suave a la vista. Su boca es muy caliente y sus modales suaves.
Siempre me había atraído saber si su culo era realmente tan suave como
se veía. Ya habíamos tenido charlas en las que dejaba entrever que el
novio no la satisfacía demasiado. Tambien me había confesado en alguna
oportunidad que nunca lo había hecho por el culo, pero que no le
molestaba probarlo. Lo que sí deseaba dejar para quien fuera su marido
era el chupar pijas. Nunca lo había intentado. A mí realmente me atraía
mucho y esperaba poder hacerle una sesión de mi masaje especial para
que ella disfrutara de una buena vez.
A las tres de la tarde en punto golpearon a la puerta. Era ella, con
unos pantalones cortos y una remera color verde. Se veía bastante
triste y se notaba en sus ojos que había estado llorado bastante
tiempo. La invite pasar y apenas cerra la puerta me dio un abrazo
interminable, como buscando fuerzas y apoyo. Luego nos sentamos a la
mesa. Le serví un jugo de naranja y me conto toda la historia de su
novio. Le dije que me siguiera contando en la piscina. Le parecio una
buena idea, ya estaba empezando a levantar su ánimo. Allí mismo se
quitó el pantalón dejando ver una tanga color amarillo patito,
diminuta, que dejaba a la vista sus dos grandes cachetes traseros. Luego
se quitó la remera y quedó a la vista la parte superior de la bikini
amarilla, y tambien sus dos senos del 95. Inmediatamente me fije si tenía
algún indicio de sus pezones, pero no se veían endurecidos.
Nos sumergimos en la piscina y quedamos allí a media agua terminando
nuestra historia de analista y analizada. Luego de que ella finalizara
le comenté que ya debía olvidarse de el. Que aprovechara que era joven
y bonita y que se pusiera a pensar en positivo. Acto seguido le ofrecí
un masaje gratis. Yo sabía que a ella le intrigaba saber de mis masajes
especiales pues se lo había mencionado pero nunca había habido
oportunidad de hacerlo. Se puso tímida y acepto con un poco de miedo.
Le dije que debía estar segura de aceptarlo, pues no quería que
despues se molestara. Firmemente dijo que aceptaba, pero que aquello
quedaba entre nosotros dos.
Nos metimos a mi mini consultorio. Mientras yo me higienizada las manos
con agua tibia ella curioseaba todos los adminículos para realizar
masajes. Luego de terminada mi higiene le solicite que se sentara en una
slla especial para masajes. La misma consiste en sentarse como si fuera
en una silla comun, pero al reves, es decir, con las piernas separadas y
de frente al respaldo, con los brazos y la cabeza apollada hacia
delante. Le pedí que no hablara en absoluto y que hiciera todo lo que
yo le indicar. Asintión con la cabeza y comencé la sesión.
Primeramente le vendé los ojos con una seda oscura y comence a
acariciar suavemente sus hombros y sus brazos. Fingí que me molestaban
los breteles de su corpiño amarillo y desaté el nudo posterior, quitándoselo
por sobre su cabeza, pudiendo contemplar aquel par de bellas tetas. Seguí
con mis masajes en su espalda y en sus hombros, pero esta vez con aceite
a temperatura natural. El resbalar de mis manos por aquella piel tan
suave ya me estaba excitando. Fui llevando el aceite por debajo de sus
brazos hacia delante, tocándole con la punta de mis dedos suavemente el
costado de sus senos. Allí ella se estremeció de placer.
Procedía a untarme las manos nuevamente con aceite y las posé
directamente sobre sus tetas, presionándolas fuertemente. Ella emitió
su primer gemido. Estuve trabajando sus tetas durante unos diez minutos,
logrando en los primeros de ellos que sus pezones se pusieran durísimos,
puntiagudos.
Luego la hice levantar de la silla y recostarse boca arriba en la
camilla. Comencé a acarciarla por los pechos, luego el rostro, las
mejillas, la boca. Y allí noté que separaba levemente sus labios.
Aproveché en dejar uno de mis dedos en su boca y ella lentamente comenzó
a succionarlo. Con mi otra mano acaricié suavemente su concha por
encima de la tanguita, presionando con unos de mis dedos sobre su
hendidura. A los pocos minutos de aquella caricia ya chupaba dos dedos
con fruición.
Me aparte un poco y saqué fuera de mi pantalón mi verga que estaba durísima.
Se la acerqué a su boquita virgen de chupadas e intenté meterla. En
cuanto se dio cuenta de la situación intento resistirse. Le dije que no
detuviera aquel momento, que asumiera su protagonismo. Luego de segundos
de duda se metio todo mi miembro hasta la base, chupando con bastante
habilidad por ser la primera vez, y utilizando la lengua con maestría
asombrosa.
Luego de unos minutos bajé hasta su bikini y se la quité. Le hice
separar sus piernas y comencé a chuparle la conchita. Era una gloria
para mi estar con mi lengua dentro de la concha de mi amiga del alma
Sole. Tantas veces lo había deseado y allí lo estaba comprobando: tenía
un gusto exquisito y un aroma encantador. Cada vez que llegaba a su clítoris,
cerraba sus piernas aprisionando mi cabeza en medio. Luego, sin dejar de
trabajar con mi lengua, comencé a introducirle uno de mis dedos. Su
estremecimiento fue tal que mi verga se volvió a poner de piedra.
Me erguí, puse mi herramienta en la puerta de aquella hermosa conchita,
y se la metí muy suavemente pero profundo. Ella gritaba de placer, se
movía sin piedad. Luego de que ella hubiera acabado un par de veces, le
pedí que se diera vuelta boca abajo. Quedá a mi vista aquel culo
gordo, le separé un poco sus piernas y allí estaba el pequeño y
cerrado agujero. Luego de besárselo como cinco minutos y al notar que
comenzaba a relajarse, le pedí que se sentara en el extremo de la
camilla como si estuvier montando un potro, con las piernas para cada
lado, en esa posición, la hice recostar el cuerpo hacia delante,
quedando totalmente hacia fuera aquel culo impresionante.
Le metí un par de lenguetazos más y untando mis dedos con aceite,
comencé a introducirlo en aquel culo. Un par de movimientos con el dedo
adentro y afuera y ya se había relajado totalmente. Me leventé, y
apoyando mi pija en esa redondel, comencé a empujar. Primero entro la
punta de la cabeza, mientras ella gemía suavemente. Despues fue la
cabeza entera, cuando de ella escuché el primer "¡ Ahh! ".
Posteriormente ya de un solo empujón se la metía hasta el fondo,
escuchand de ella un grito desgarrador. Pensé que le había hecho daño,
pero ella rompìó por primera vez el silencio y me pidió que se la
diera más fuerte. Bombeé como un loco, metiendo y sacando mi palo de
aquel guante tan apretado. Sentí que sus gritos de placer llegaban al
punto más alto cuando acabó. Inmediatamente me vine, llenándole el
culo con mi leche.
Luego de aquella fenomenal acabada, la llevén mis brazos hasta mi
habitación. Allí nos abrazamos recostados en la cama. Nos besamos como
nunca, con nuestras lenguas conociéndose los lugares más intimos de
nuestras bocas. Nos miramos tiernamente y ella me pidió qe le metiera
un dedo mío en su conchita para así dormirse con mi dedo adentro.
Separé sus labios vaginales, le metí mi dedo anular, y nos quedamos
dormidos.
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