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NUNCA ES TARDE |
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Conocí a Joanna en un pub de Caracas. Estaba por trabajo, siendo argentino, sin conocer casi a nadie mas allá de los directivos de mi Empresa. Era divertida y bella. Bebimos, conversamos y me llevó a bailar. Fuímos a su departamento en la segunda cita. Para un porteño de 36 años, divorciado y con hijos adolescentes la compañía de la joven caraqueña -26 años- era una deseada sombra fresca en el desierto. A poco de relacionarnos se acopló a nuestras salidas Rosanna, amiga de Joanna, una morena muy provocativa, de mirada insinuante, hasta conmigo... Una noche Rosanna preparó una fiesta en su casa. Allí, para mi sorpresa, conocí a su marido, apuesto y atlético veterano de cabello blanco -calculo cincuenta y algo de años- que se mostraba afable y servicial. Pasó un buen rato y nadie llegaba y las chicas, que ya habían bebido bastante, comenzaron a besarse, acariciarse y sacarse sus ropas. Martín -así se llamaba el esposo de Rosanna- vió mi rostro lleno de sorpresa y tomándome del brazo me ofreció un trago e invitó a sentarnos frente a las amigas que -a esa altura- gemían lamiéndose sus respectivos sexos en posición invertida. Algo aturdido por efecto de la bebida ofrecida -según confesión posterior a propósito- sentí los dedos de Martín desabrochando los botones de mi camisa, acariciándome, desnudándome todo e invitándome a jugar con las chicas que a esa altura ya habían acabado entre ellas. Recuerdo vagamente que ambas jugaron conmigo, hice el amor frenéticamente con alguna -no sé con cuál- y algo cansado me relajé y entregué a los brazos de Martín con quién pasé largos ratos de juegos, deleite y sexo oral recíproco.A partir de esa frenética noche, pasábamos un fin de semana junto a Joanna y otro en la casa de nuestros amigos, entregados todos -ahora concientemente- a juegos "swingers" largamente esperados durante días.A los seis meses regresé a Buenos Aires. Debo confesarles que durante más de un año, Yo que nunca abandoné mi virilidad no pude encontrar placer en ninguna frustrada relación con mujeres. Hoy, en la soledad de mi timidez, con la reserva que merecen mis hijos adolescentes, recuerdo aquellos meses de satisfacción plena vividos con mis amigos - a los cuales cartéo-.Quizás algun matrimonio, alguna joven o algun muchacho porteños sepan de lo que hablo y quieran contactarse conmigo. Con seriedad y sin mercantilismo. Soy muy prudente para animarme a ir a esos lugares que se promocionan. Juan Carlos |