Por favor, bajame el cierre.-Me dijo.

No era la primera vez que nos quedabamos solos en su casa, ya que cada vez que mis padres se iban de viaje me dejaban al cuidado de mi vecina. Una mujer de unos treinta años, separada, sin hijos y con un cuerpo muy atractivo.

Habitualmente llegaba yo de la escuela y ella ya estaba en la casa. Me esperaba con la merienda, y mientras yo la tomaba ella se preparaba un baño de inmersión para relajarse. Yo terminaba mi merienda y me ponía a hacer las tareas de la escuela. Ella permanecía en la tina por más de dos horas y salía del baño en una bata larga de algodón, para nada sugestiva. Yo finalizaba mi tarea y conversabamos un poco de las actividades del día, cenabamos y después de la sobremesa nos ibamos a dormir cada uno a su cuarto para a la mañana siguiente repetir la rutina.

Mas de una vez la curiosidad hacía que tratara de espiarla en el baño cuando tomaba su relax, pero nunca pude ver mas que su espalda y apenas su cola por el ojo de la cerradura.

No voy a decir que no me interesara ver más pero ella me doblaba en edad y era muy amiga de mis padres.

Una noche, varias horas después de haberme dormido, me desperté sobresaltado por unos ruidos que no pude identificar. Salí de mi cuarto y muy despacito caminé por el pasillo hasta su habitación. La puerta estaba cerrada y solo pude asomarme por el ojo de la cerradura. La luz en el dormitorio era muy baja y apenas pude distinguir un bulto que movía ritmicamente dentro de la cama, aunque los ruidos ahora si eran muy claros y se debían a que ella estaba gimiendo y jadeando. Volví a mi cuarto y pensé que mi querida vecina se estaría masturbando. Desde luego mi imaginación adolescente voló a miles de metros de altura y cerrando mis ojos la veía penetrandose la vagina con los dedos mientras que con su otra mano se apretaba los pechos. EN ese momento yo era virgen y me asustaba la idea de que alguien pudiera siquiera imaginar que yo me masturbaba. Cosa que obviamente hacía con frecuencia, pero siempre en el baño de mi casa y nunca en la casa de mi vecina.

Después de esa noche, mi interés por la sexualidad de mi vecina crecía día a día o debería decir noche a noche. Todas las noches me quedaba despierto esperando escuchar los gemidos y jadeos que me indicarían que se estaba autosatisfaciendo. Para que mi imaginación volara y mis manos acariciaran mi pene hasta el borde de la eyaculación sin llegar a terminar para evitar que aparecieran manchas en mi cama.

Creo que ella se dió cuenta de lo que sucedía porque de repente empezó a hablarme de temas sexuales, cosa que nunca había hecho anteriormente, y me preguntaba si tenía novia, si había tenido relaciones, si había días en que me sentía alterado, etc. Yo respondía todo con la verdad pero era evidente que el tema me excitaba y que no me molestaba que lo hiciera.

Faltaba todavía una semana para que volvieran mis padres de viaje, cuando al regresar de la escuela y mientras tomaba mi merienda, ella me llamó desde el baño. La puerta estaba todavía abierta y ella de espaldas con las manos en la espalda.

-Por favor, bajame el cierre.-Me dijo.

Yo estaba muy nervioso y lo hice, no pude evitar mirar toda su espalda mientras bajaba el cierre de su vestido y aún más me detuve a mirar sus glúteos cuando ya había llegado al final de la cremallera. Ella me miraba por el espejo y se dió cuanta de que era lo que yo hacía. - Nunca viste una mujer desnuda?

-No. Le dije muy tímidamente.

- Querés verme?

- Si. Contesté.

Dejó caer su vestido y se dió vuelta, no usana sostén, sus pechos se aparecieron frente a mis ojos. Los primeros senos que veía en persona. Dos pezones rojo oscuro, bordeados por una aureola del mismo color y los senos blancos con las marcas del sol. bajé la vista y ví sus bragas, con algunos pelitos que se asomaban por el costado, en su entrepierna. Me miraba con ternura, se bajo las bragas y se paró delante mio como dejandome satisfacer todas mis inquietudes visuales, se giró y me mostró sus nalgas redonditas, y blancas, también con la marca del sol.

Yo sentía una enorme excitación y mi pene comenzaba a responder a tal estímulo. Ella tomó mi mano y la llevó a sus pechos, puso su mano sobre la mía y me enseñó a masajearle los senos. Me seguía mirando con ternura pero noté una cierta inquietud, hacía unos chistiditos con los labios que me daban la indicación de que disfrutaba del contacto de mis manos. Bajó mi manos por su vientre, la pasó por su cintura y la llevó hasta su vulva. Despacio y con miedo le rozé sus labios, toqué su clítoris, siempre guiado por sus propias manos. Ella movía mis dedos de atrás hacia adelante, y suspiraba yacon más intensidad.

Acercó su boca a la mía y me dió un beso húmedo, de labios entregados, pasó su lenguan por mis labios y la metió en mi boca, buscó mi lengua y me apretó contrá su cuerpo mientras me daba el beso mas largo y apasionado de mi vida.

Me desabotonó la camisa, la sacó y paso sus manos suaves por mi pecho, bajando hasta mi miembro. Lo notó erecto, sonrió y me dijo vamos a mi habitación. Yo la seguí flotando detrás de ella.

En el cuarto sen sentó sobre la cama, me paró delante de ella, y me aflojó y bajó mis pantalones. Masajeó mi miembro sobre el calzoncillo y me los bajó también. Mi miembro apareció erguido directo frente a su cara. Abrió la boca y empezó a chuparlo, despacio, pasando su lengua suavemente por el glande y los costados. No pensé ni un segundo y eyaculé sobre su cara.

-Ay, mi chiquito impaciente. Me dijo, mientras se limpiaba la cara con unos pañuelitos de papel que tenía sobre la mesita.

-Perdón, no pude evitarlo., Contesté avergonzado.

-Ya, ya, ya. No te preocupes. Vamos a hacerlo de nuevo en unos minutos y esta vez podrás esperar y disfrutar todo lo que hagamos.

Mi vecina se acostó en la cama y yo a su lado. Tomó mis manos y las pasó por sus pechos, a esta altura yo ya avanzaba solo, bajé mis manos hasta su vulva y le pasé los dedos por sus labiós, ella tomó mi dedo mayor y lo introdujo en su vagina, y me enseñó el movimiento de entrar y salir, mientras ella misma se masajeaba el clítoris. Subió mis dedos hasta su clítoris y me dijo que le acariciara ahí. Yo estaba muy entusiasmado, y mi pene estaba nuevamente erecto. Me pidió que la besara alrededor de los labios de su vagina y que con la lengua, despacito, le lamiera el clítoris, tomaba mi cabeza con las dos manos imprimiendole un movimiento ascendente y descendente, mi lengua pasaba por su clítoris descaradamente, ella subía y bajaba las caderas mientras gemía con desesperación. Me subió la cabeza hasta su boca y con la mano introdujo mi pene en su vagina, mientras me decía despacio, entrá y salí, despacio, disfrutando, sintiendome...

Me concentré en hacer lo que ella me pedía y sentía que iba a estallar nuevamente, ella me dijo que tratara de esperar, que cuando iba a acabar dejara de moverme, y reanudara el movimiento. Así lo hice hasta que pude más y acabe en su vagina, en una mezcla de gritos, gemidos y humedades.

Mi vecina, me besó intensamente. Y me dijo : - Vamos a dormir, por hoy ha sido bastante y muy bueno. Quedate acá en mi cama.

Así lo hice. Esa y todas las noches que siguieron hasta que mis padres volvieron a casa. Desde luego esperaba esos viajes con desesperación.