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La
tarde transcurrió como una más de la semana
laboral. Salí de mi oficina, cansado y tensionado
por la exigente jornada de trabajo.
Comencé entonces a encaminarme hacia el garage,
en busca de mi automóvil. Me subí en él y empren-
dí el regreso al hogar. De inmediato, y como con-
secuencia del embotellamiento surgido, decidí
tomar por otro camino.
De pronto, parado en un semáforo, advertí la su-
gestiva presencia de algunas personas, vestidas
con ropas ajustadas y llamativas. Así fue como
pude darme cuenta que se trataban de travestis,
que andaban en busca de clientes.
Pero, no conforme con esa rápida mirada, retomé
aquella cuadra para verlos -o verlas- nuevamente.
Así fue como quedé particularmente atrapado por
una de ellas: rubia, delgada y con un exhuberante
culo...¡que culo!. No lo pensé demasiado, y me
acerqué a ella para "invitarla" a subir al
auto.
Su conducta extravertida y simpática, hicieron las
cosas más sencillas. E inmediatamente detuve el
auto -ya estaba comenzando a anochecer- y
empezamos a besarnos y tocarnos. La excitación
comenzó a brotar de manera imparable, y le pedí
que me besara el "miembro". Ella accedió compla-
cientemente. Sus besos y lenguetazos eran fantás-
ticos...¡inigualables!.
Tal virtud logró, que en pocos minutos, eyaculara
dentro de su boca. El semen era interminable,
espeso y cuantioso. Pero la traviesa se enojó y sin pronunciar palabra alguna
-claro, el semen no
le permitía hacerlo- comenzó a toser y a tener
arcadas. Y quedó tendida en el asiento del auto.
"¡Que macana!...¿Qué carajo hago?" me decía.
Finalmente arranqué y tomé hacia ninguna parte. Mi confusión era terrible...¡¿qué
hacer!?.
Pues bien, decidí meterme en una calle sin sali-
da y allí arrojar el cuerpo...estimaba que ya sin vida.
Y así emprendí el regreso -ya definitivo- hacia
el hogar. Ya allí, mi novia me preguntó por qué
llegaba tan tarde. Ante lo cual, pensé unos segundos y le contesté: "Ni te
imaginás el
atragantamiento de autos que había..."
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