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Si
alguna frase pudiera definir mi pubertad y adolescencia diría :
"Todo el tiempo erecto".
Y esta situación hacía que cuando podía me masturbaba, usando
revistas porno o recordando aquel contacto casual en el que sin que ella
lo notara le rozaba sus glúteos.
Me refiero a la chica que hacía la limpieza en casa, era una
adolescente que tendría un año más que yo. Era una jovencita tímida,
morochita con un culito erguido y pechitos pequeños pero firmes, en los
en los días de frío se notaban sus pezones a través de su ropa.
Ella me miraba como el niño de la casa y con cierta atracción que yo
empezé a detectar y tratar de sacar provecho.
Un día, llegué a casa y ella estaba haciendo la limpieza de mi cuarto.
Me senté en mi sillón mientras la miraba hacer las cosas y notaba su
nerviosismo por que se sentía observada. No recuerdo con que excusa se
acercó hasta donde estaba sentado y en ese momento le tomé la mano.
Ella me miró a los ojos como si se hubiera cumplido su sueño, y me
deslizó una caricia en la mano. Mi mente empezó a crear situaciones de
sexo desenfrenado produciendome una erección. La miré a los ojos yo
también y acerqué mi boca a la suya, ella cerró dulcemente sus ojos y
entreabrió los labios. La besé inocentemente, saboreando el beso.
Alguién se acercó a mi pieza con lo que nos separamos y fingimos estar
haciendo cada uno lo suyo. Me había quedado caliente y me fui al baño
para masturbarme con el recuerdo.
Cada vez que era posible nos mirabamos cómplices, hasta que un día le
dije que cuando se fuera me esperara en el descanzo de la escalera del
edificio. Salí de casa unos minutos después que ella y la encontré
donde habíamos quedado. Nos miramos tiernamente y nos besamos abrazándonos
con suavidad. Su boca respondía a los pedidos de la mía y mi lengua se
deslizaba sobre la suya, bajo la suya, entre sus encías y sus labios
mientras mis manos comenzaban a explorar su cuerpo, pasando de su
espalda su cintura, bajando tímidamente a sus nalgas y como ella me
dejaba hacer mis caricias se iban haciendo cada vez más intensas y
desprejuiciadas con lo cual mi mano se deslizó bajo su minifalda
tocando su piel suave y deseosa, lentamente puse mis dedos dentro de su
bombacha entrando por el costado y llevé la mano hasta donde las nalgas
se juntan con su vulva, lanzó un pequeño gemido y cerró levemente las
piernas, yo insistí y le rocé los labios de su vagina con el dedo
medio mientras que con la otra mano le froté fuertemente los pechos,
ella muy agitada aflojó la presión de sus piernas y comenzó un jadeo
acompasado, mientras no despegaba sus labios de los mios. Tomé su mano
y la puse por afuera del pantalón sobre mi pene totalmente erecto, ella
lo acarició con timidez primero y con firmeza luego. En ese momento
escuchamos ruido en la escalera, nos asustamos, ella se fue escalera
hacia abajo saliendo de casa y yo volví al departamento, con una
calentura indescriptible, urgente me fui al baño ha descargar mis
tensiones, me bajé los pantalones y calzoncillo y tomé mi pene con
fuerza y subí y bajé con tanta intensidad que acabé una enorme
cantidad de leche, estaba tan caliente que no paré de pajearme y empecé
a tocarme las tetillas mientras jadeaba con frenesí, me acosté en el
piso y me masajee alternativamente las tetillas y las nalgas, sin dejar
de sacudirme el pene, me introduje un dedo en el ano y jadeaba sin
control ninguno hasta que acabé nuevamente descargando toda la leche
que tenía aprisionada.
Al día siguiente, ella no vino a casa y yo ya estaba tan caliente
imaginandome lo que hariamos cuando llegara que tuve que masturbarme
nuevamente cuando supe que no vendría.
Al día siguiente, vino como todos los días. De solo verla el pene se
me paró alerta. Nos miramos cómplices sin dejar de acariciarnos a
escondidas dentro de la casa cada vez que podíamos. En casa estaba mi
abuela que ya había detectado que algo pasaba entre nosotros y nos seguía
permanentemente. Llegó el momento de irse y quedamos nuevamente en
encontrarnos en el mismo lugar. Salió de casa y atrás salí yo.
Nos encontramos en la escalera y sin decirnos nada empezamos a besarnos
con desesperación mientras nos tocabamos todo el cuerpo, mis manos
pasaban por sus nalgas, abriendoselas le pasé mi dedo medio por los
labios de su vulva, ella no opuso ninguna resistencia y abrió más sus
piernas para que yo no encontrara obstáculos. Le pasé la mano por
debajo de la bombacha y le froté su vello púbico y bajé aun mas la
mano hasta meterle un dedo en su vagina, y con el pulgar le frotaba el
clítoris. Ella jadeaba, sus jugos me mojaban toda la mano. Pasé la
otra mano por debajo de su blusa y le levanté el corpiño tocando sus
pechos con energía, sus pezones estaban duros como piedras, los tomé
entre mis dedos como si fueran una perilla y los retorcí, ella lanzó
un gemido pero no me pidió que dejara. Sus labios y lengua se apretaban
fuertemente contra los mios, su mano me sujetó el pene por fuera del
pantalón, yo estaba a punto de acabar, pero hice un enorme esfuerzo
para esperarla, seguí frotando su clítoris manteniendo un ritmo que
coincidía con sus jadeos, mientras más aceleraba sus jadeos más
aceleraba el ritmo de mis fricciones. Sentí como le temblaban las
piernas primero y el cuerpo después, mientras emitía un gemido
interminable me apretó el pene con tanta fuerza que no pude contenerme
y acabé en mis pantalones mientras ella se retorcía agitada y en
estertores. Nos quedamos un instante abrazados, recuperando el aliento
hasta que alguien salió al pasillo y como la otra vez nos separamos.
Entré en mi departamento y fuí inmediatamente al baño para limpiarme,
pero mi calentura seguía presente y mi pene estaba listo para pajearme
nuevamente. Comenzé masajeandome los testículos y me pasaba el dedo
entre los testiculos y el ano, inmediatamente mi pene se paró con
fuerza y mi respiración comenzó a agitarse, acostado en el piso del baño
pasaba mi manos por las tetillas retorciendome los pezoncitos y por mis
testículos y mi ano apretando la apertura como forzando la entrada del
dedo, estaba agitado, tomé el pene con una mano mientras que con la
otra continuaba con las caricias y masajes, nuevamente acabé con fuerza
y jadeando. Hermosa juventud.
Hasta ahora, solo nos habíamos pajeado mutuamente, yo quería mas. Pero
en aquel momento de adolescente no tenía disponibilidad de lugar para
encontrarnos ni dinero para alquilarlo, con lo que debería usar la
imaginación.
Al día siguiente, cuando ella llegó, pude notar su excitación
esperando el momento en que le propusiera encontrarnos. Dentro de mi
edificio, en la terraza había un lugar destinado a lavadero que nadie
usaba habitualmente por que los departamentos contaban con lavadero
propio. Ese sería el lugar en cual tendríamos nuestra primera relación
completa.
La hora señalada llegó, despues de todo un día de miradas sugerentes,
besos robados y caricias a escondidas. Le dije que saliera y fuera
directamente para la terraza y me esperara en el lavadero.
Apenas salió, yo ya estaba erecto. Salí detrás de ella con cualquier
pretexto y fui directamente a su encuentro. En la terraza del edificio
había alguna ropa colgada de la cuerda, señal de que alguien iría a
buscarla. No me preocupé demasiado ya que el lavadero estaba mas o
menos separado y no sería lógico que alguien entrara.
Ella estaba ahí, sentada en el piso y bastante nerviosa, me dijo que le
daba miedo estar ahí y que nunca lo había hecho. Era virgen. Esta
situación me incentivó aun más, si bien yo no era virgen por que había
tenido mi debut con una profesional del rubro, mi mayor experiencia
estaba con mis propias manos, tener una chica deseosa y virgen era una
de las fantasías con la que soñaba a menudo mientras me pajeaba.
La tranquilicé, acercandome a ella con lentitud y ternura. Comencé a
besarla con delicadeza, a lo que ella respondió abiertamente. Pasé mis
manos por sobre su blusa, acariciando dulcemente sus pechos, sentí como
sus pezones iban tomando cuerpo y su pecho comenzaba a agitarse
lentamente. Desabotoné lentamente su blusa, y pasando mi mano por su
espalda le desabroché el corpiño. Lo levanté lentamente y observé
por primera vez sus pechos, acerque mi boca a ellos y los besé, le pasé
mi lengua lentamente alrededor de sus pezones y los mordisquee sin
presionarlos. Ella estaba en una situación de entrega absoluta, me
dejaba hacer. La recosté en el piso, y fui bajando mi lengua por entre
sus pechos hasta llegar al ombligo, ella emitía unos soniditos que me
ecxitaban cada vez más. Le levanté la falda y sin detenerme le bajé
la bombacha, pasando mi lengua por su bajo vientre, por su monte de venús,
saboreando su vello, hasta que llegue a su vagina. Ella abrió sus
piernas sin oponer ninguna resitencia, deslizé mi lengua por toda su
abertura, mientras ella meneaba su cadera de arriba a abajo al compás
de mi lengua. Abrí sus labios con la mano, y encontré su clítoris
erguido, llamandome, pidiendome que lo lamiera. Puse mi lengua en su clítoris,
y ella dió un respingo, mientras gemía con más y más intensidad, sin
dejar de lamer puse un dedo en la puerta del ano y presioné para
entrar, los jugos de su vagina me facilitaron la tarea y mi dedo penetró
integró mientras ella produjo un gemido que me ecxitó aún más. Ella
gemía, subía y bajaba, se quejaba, su cuerpo comenzó a temblar con
estertores, yo sabía que estaba llegando al orgasmo y continué con mi
tarea sin interrumpir. Acabó con muchísima agitación y casi sin
aliento.
Ahora era mi turno. después de un pequeño descanso en el que
continuamos besandonos calmadamente, mi miembro pedía a gritos una
reparación. Me saqué los pantalones y calzoncillos y le puse el pene
en la boca. ella me dijo que no sabía como hacerlo, le dije que solo la
pusiera en su boca, y subiera y bajara sobre ella, pasandome la lengua a
la vez. Mi calentura contenida no se hizo esperar, y en pocos minutos
acabé en su boca, ella produjo una arcadas, realmente pensé que se
ahogaba, pero pasado el momento siguó con su tarea de limpiarmela.
Nos quedamos tendidos, mientras nos acariciabamos y yo me dije
:-"Basta de pajas", y comencé a besarla nuevamente, mi
miembro nuevamente alcanzo el tono necesario y estaba perfectamente
parado. La deje acostada boca arriba y me puse sobre ella, abrió sus
piernas invitándome y de un solo golpe la penetré. Mi pobre niña lanzó
un gemido de dolor, su virginidad había pasado a la historia. Con
lentitud primero, e incrementando el ritmo de a poco sentía su estrecha
vagina cubriendome el miembro completo, ella levantaba su cadera como
queriendo retenerme dentro de ella, mis manos exploraban todo su cuerpo,
mis labios se fundian con los de ella y nuestras lenguas recorrían toda
nuestra boca. Comenzamos a jadear casi al mismo tiempo, apretandonos
cada vez mas, hasta que fue imposible continuar. Acabamos juntos en una
mezcla de flujos, saliva y transpiración.
Quedamos, exhaustos. Nos vestimos y cada uno fue a su casa con la
promesa de volvernos a ver al día siguiente, a la misma hora en el
mismo lugar.
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